En una de las mesas de la oficina 11 de la incubadora tecnológica del PTA hay un coche construido con piezas del Lego, aunque mañana, ese coche, puede transformarse en un cocodrilo o en una ranita. También hay robot nxt que recuerda a Wall-E (el robot enamorado creado por Disney-Pixar), con su tronco rectangular y una cara que parece unos prismáticos.

Hay también una especie de nave del futuro a la que Javier Butragueño, responsable del Club Creativo y Tecnológico Stemxion, denomina ‘escorpión’, y una grúa que se mueve al activar un determinado mecanismo y otro robot grande y negro. Y un muñeco que es un dinosaurio que hace arrumacos si le acaricias: «¿Recuerdas el tamagotchi? Pues es algo parecido, pero en muñeco. Va respondiendo según tus cuidados». Se llama Pleo, lo acaban de traer de Japón y están seguros de que les va a dar mucho más que juego.

Aunque esa mesa está repleta de artilugios, Stemxion Club Creativo es una empresa seria. Tan seria que tiene como objetivo conseguir que los chavales se apasionen con la ingeniería y que a través de esta pasión aprendan valores relacionados con la creatividad, el trabajo en equipo, el compromiso, las metas, los objetivos, la disciplina, la honestidad o la actitud emprendedora. De hecho aplican una metodología educativa que tiene mucho que ver con esa actitud y que se basa en el principio del ‘learning by doing’ (aprender haciendo), «hasta el punto de que la práctica es incluso anterior a la propia teoría», afirman. «A partir de entender un reto y resolverlo, se aprenden muchas cosas», añaden.

Por eso, para Javier Butragueño los robots construibles con sensores de distancia, de sonido o aceleradores; el dinosaurio tipo tamagotchi o el coche construido con piezas del Lego son en realidad ‘herramientas educativas singulares’: «Una excusa, un canal para despertar en los chicos el interés por las ramas técnicas; por la robótica, por la ingeniería e incluso por la arquitectura».
Para conseguirlo se apoyan en tres patas: el programa de ordenador, ‘las herramientas singulares’ y el niño. Así, el trabajo comienza en el ordenador, donde el niño aprende funciones básicas y sencillas de programación. «Luego damos un paso más, trasladando esa programación al juguete, que responde a las decisiones tomadas», dice Butragueño, que vuelve a resaltar que lo realmente importante «es que el niño pueda jugar con la tecnología y resolver, a través de ella, retos importantes».


Novedoso

De todo, quizá lo más novedoso es que esta empresa, que se creó oficialmente en septiembre de 2010, pero que empezó a funcionar en Semana Santa, ha elaborado programas educativos específicos para trabajar determinados aspectos a través de la robótica: «Creamos e impartimos curso con una metodología educativa enfocada al desarrollo de diferentes competencias, tales como aprender a aprender o todas aquellas relacionadas con la autonomía e iniciativa personal, que son las que más nos interesan. Se trabaja el compañerismo, la superación o la autoestima».

El responsable de Stemxion pone un ejemplo: «Podemos proponer una actividad que consista en preparar un programa para que el robot coja el artículo rojo y lo deposite diez pasos más allá. Los niños tienen que determinar cuánto tiempo les va a llevar programar esta acción, lo que supone aprender a planificar. Luego deberán cumplir los plazos y ejercitar el compromiso». En caso de que no llegaran a tiempo también deberán explicar por qué, lo que supone trabajar la autocrítica y reconocer los errores.

Butragueño dice que la propuesta de Stemxion es como el jarabe de fresa, que sabe bien pero que sigue teniendo el principio activo que cura: «nosotros utilizamos herramientas singulares para que los chicos aprendan con pasión».

La empresa está formada por cuatro ingenieros y cuenta con asesoría pedagógica externa. Además, para algunos programas, como el de Robótica, se ha contado con la colaboración del departamento de Sistemas y Automática de la Universidad de Málaga (UMA).


VIA | Diario Sur