Únicamente con constancia, humildad, trabajo inteligente y creatividad se alcanzan resultados positivos en el complejo mundo empresarial. Sobreponiéndose a los posibles errores cometidos.

Andalucía ha perdido en los últimos cuatro años 40.000 sociedades y nuestra provincia, la más dinámica empresarialmente hablando de la Comunidad, ha visto desaparecer  10.000 pymes y autónomos en ese mismo periodo. La crisis se está llevando consigo cada día seis empresas en Málaga.

Recientes estudios confirman que el 80 por ciento de las pymes desaparece antes de tener un lustro y el 90 por ciento no llega a los diez años. ¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles pueden ser algunas de las razones? Aunque estos datos son extrapolables a la mayoría de los estados de nuestro entorno, el elevado índice de fracaso en nuestro país se debe, entre otras razones, a fuerzas externas a las empresas que actúan en el entorno económico, fiscal, administrativo, político y social. Me refiero a las casi inexistentes fuentes de financiación, altas tasas impositivas, caída generalizada del consumo, excesiva regulación, numerosos controles administrativos, elevados costes laborales, insuficientes programas de apoyo y estimulo a las empresas, etc.

Sin dejar de admitir y denunciar permanentemente la existencia de todos estos problemas y obstáculos, queda siempre una pregunta: ¿por qué, a pesar de tener que enfrentarse a la misma situación, numerosas pymes sobreviven, progresan y crecen, incluso hasta evolucionan y se convierten con el

paso de los años en grandes compañías? La suerte -que siempre viene detrás de la perseverancia- no juega aquí un papel principal.

A veces, las causas del fracaso se encuentran, aunque me pese afirmarlo, en las propias empresas, y, en concreto, en la capacidad de gestión de sus responsables. Haciendo autocritica y aun generalizando, aportaré algunas posibles razones que malogran la aventura empresarial, pudiendo ser evitables con un adecuado conocimiento, formación empresarial y… un poco más de atrevimiento.

1.-Problemas para producir y planificar: Carencia de estrategias, inexistencia de un correcto plan de negocios, deficiente gestión de las compras, expectativas poco realistas, imprevisión ante las dificultades, desconocimiento del sector en que se opera, etc.

2.-Se nos ha olvidado vender: Tenemos resistencia a acatar la preferencia de los clientes, con una Clara ausencia de planes de marketing y ventas, ofreciendo un servicio en ocasiones mejorable. Hay que intentar conocer las necesidades del mercado en nuestro sector productivo, invertir en actividades publicitarias, y, lo más importante, conocer que piensa la competencia.

3.-Dejamos de controlar: Falta de capacidad técnica para conocer el estado financiero de la empresa, inadecuado manejo de los inventarios, ausencia de controles presupuestarios internos y de gestión de endeudamientos, etc.

4.-Naufragio en la gestión: Inadecuada selección de socios, incapacidad para rodearse de personal competente y de hacer equipo, ausencia de políticas de recursos humanos y mejora continua, falta de definición de los objetivos, resistencia a los cambios y a consultar a externos a la empresa, desaliento ante obstáculos importantes, falta de cultura empresarial, etc.

Lo anterior no deja de ser un breve inventario de «zonas de peligro» que debemos conocer y reconocer como más abundantes de Io que desearíamos. Numerosas pymes se sobreponen a estas dificultades y lo logran con esfuerzo, capacidad de adaptación y, sobre todo, con la adecuada competencia de quienes las dirigen y gestionan. Hoy día, cuando caminamos con desaliento por el sexto año consecutivo de intensa crisis, parece paradójico hablar de estas


flechas que apuntan directas al desastre.

Según un reciente estudio del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, al cabo de los 10 años apenas sobrevive el 27 por ciento de las empresas no franquiciadas, mientras que si lo hace el 90 por ciento de las que operan bajo el referido sistema. Sin lugar a dudas, los conocimientos, sistemas de gestión, enfoques de marketing, modelos operativos y demás que aportan las cadenas de franquicias determinan la gran diferencia entre uno y otro porcentaje en el gigante americano. En la gran mayoría de los casos, el fracaso se debe a una probable mala gestión. El triunfo de una pequeña, mediana o gran compañía está fuertemente condicionado por los conocimientos de sus dueños.

Aunque la ilusión despierta el empeño y solamente la paciencia lo termina, no basta con querer, sino que se requiere saber. Y éste, no nos equivoquemos, se alcanza con cualificación y trabajo. No basta con la voluntad, hay que tener aptitudes y actitudes para mantener el rumbo adecuado. Como afirmaba Dickens: «Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender». Es cierto que la derrota es el condimento que da sabor al éxito, pero a veces el precio puede ser muy alto.

Únicamente con constancia, humildad, trabajo inteligente y creatividad se alcanzan resultados positivos en el complejo mundo empresarial. En suma, perseverando y sobreponiéndose sin desmayo a los posibles errores cometidos.

Columna de Opinión – Javier González de Lara (Presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga)