El Canal y el grupo de empresas lideradas por Sacyr se dan de plazo hasta el mes de febrero para alcanzar un acuerdo

El consorcio GUPC (Grupo Unidos por el Canal) y la ACP han llegado ya a un acuerdo para «las fórmulas de negociación» -un primer paso- y han pactado un plazo de una semana, hasta el 1 de febrero, para ponerse de acuerdo en una solución que incluya el grueso del problema, es decir, la financiación del flujo de caja necesario para continuar las obras.

Uno de los elementos esenciales del último acuerdo entre las empresas europeas y la autoridad del canal consiste en que ambos se comprometen a mantener todo el proceso en secreto. Eso hace que sea aún más complicado saber por qué la parte panameña muestra siempre un plan de apenas tres meses, sabiendo que no es suficiente para dejar acabadas las obras. En Bruselas y en los principales centros navieros del mundo se han sorprendido por lo bien que han gestionado los panameños el viejo canal, en contra de las previsiones catastrofistas que anunciaban los norteamericanos cuando se vieron obligados a restituir el territorio. Otra cosa muy diferente es el gobierno de la que en estos momentos puede que sea una de las obras civiles más grandes del mundo. Es posible que el proyecto le haya venido grande para un país tan pequeño.

Los expertos consideran que parte de la estrategia de unos y otros ha sido precisamente llevar la situación hasta el límite. El año pasado una auditoría independiente ya había confirmado la existencia del sobrecoste. El gobierno italiano ya lo sabía desde octubre, ¿Por qué no emergió el problema hasta el 1 de enero? Probablemente a las empresas del GUPC tampoco les interesaba.

En todo caso, la Unión Europea ha insistido en que tiene mucho interés en que las obras se terminen y que no existe ninguna intención de elevar la disputa hasta las relaciones bilaterales con Panamá. Pero tampoco quieren dejar en entredicho la capacidad de las empresas europeas frente a las norteamericanas, que hubieran querido hacerse con el contrato de ampliación del canal.

Las pretensiones de Sacyr de recibir más dinero por la ampliación del Canal chocan contra el orgullo de un país que ha convertido la obra en su símbolo

“Los panameños son de mentalidad rígida y espartana y duros negociadores”, nos comenta un compañero panameño.

Sacyr, la empresa española que lidera el consorcio (GUPC) al que fue adjudicada la ampliación de la vía interoceánica, ha chocado con el segundo Panamá.

Las obras de mejora de la autopista acuática que une el mar Caribe y el océano Pacífico en su punto más estrecho están casi paradas. Terminadas en un 65%, el consorcio exige 1.600 millones de dólares (unos 1.200 millones de euros) por sobrecostes para rematar la construcción, prevista para mediados de 2015. Achacan los problemas a la dificultad del terreno y errores de cálculo en el pliego de condiciones. Las autoridades panameñas consideran que esos gastos no están justificados y se niegan a poner más dinero.

“Están acostumbrados a tratar con Gobiernos latinoamericanos derrochadores y corruptos que no tienen tanto respeto por lo público”, conviene un Ejecutivo que ha estado sentado en la mesa de negociación. Un miembro del conglomerado de empresas  da réplica: “Son unos maestros transportando buques de un lado a otro, pero sobre la construcción de una gran infraestructura no tienen ni idea. Las reclamaciones son justas y una postura tan poco dialogante es inusual a este nivel”, opina.

Duras palabras de un bando y otro, que por supuesto no ayudan en las negociaciones

Por ahora no hay un paso atrás. La semana pasada se estuvo cerca de un acuerdo gracias a la mediación de la aseguradora Zurich, que proponía convertir en crédito los 400 millones de dólares de fianza. Cada una de las partes debía aportar 100 millones más. Cash flow para acabar la obra. Finalmente, no se llegó a cerrar el trato y las partes se han dado hasta el 1 de febrero.

“Une a todo el mundo. Judíos y árabes. Españoles y panameños. Si eso no es concordia que venga Dios y lo vea”, cita Hilario Suárez, empresario de la hostelería en Panamá, que se le ocurrió presentar la candidatura del canal de Panamá para el premio Príncipe de Asturias… eso… eran otros tiempos.